Saborear lo que pasa en el Perú

PIURA 28 DE MARZO DEL 2017. DAMNIFICADOS DE PEDREGAL GRANDE ,EVACUADOS, SON REHUBICADOS EN LA PANAMERICANA NORTE KM 983. NO RECIBEN AYUDA Y DUERMEN A LA INTEMPERIE. FOTO: LINO CHIPANA / EL COMERCIO

Soy religioso Agustino y trabajo junto a otros hermanos sacerdotes en una parroquia rural en Piura, al  norte del Perú, en donde se goza, se saborea la riqueza espiritual de su gente. En estas últimas semanas, valga la pena decirlo, desde mediados de febrero, se han podido saborear también las preocupaciones, el llanto y dolor de su población por las lluvias que han sido muy intensas. Se anunciaba que iba a ser un año de sequía, pero los pronósticos fueron errados.

En otras partes también ha llovido fuerte, como  en la sierra, y esas aguas han bajado a la costa. Es así como a mediados de marzo descendieron con toda su fuerza e hicieron que se desbordaran ríos que provocaron  estragos en algunos distritos de la ciudad capital de Lima; se grabó en la memoria de la gente la imagen de una mujer luchando por su vida, que trataba de salir del agua mezclada con lodo y basura, una mujer que nos ha enseñado que pensando en los seres amados, y pidiendo a Dios su ayuda, se vence al mal.

Ante esta situación Perú se ha puesto de pie, el gobierno está actuando con su logística de ayuda, y no  podía hacerlo mejor. Esto no sería posible sin el auxilio de los mismos peruanos, y el de gentes de  países vecinos que han mostrado su generosidad desinteresada. No han sido indiferentes al ver a los nuestros que sufren, que lo han perdido todo, y no han olvidado a los que han fallecido.

En Lima la situación se ha controlado en parte, pero con la naturaleza nunca se sabe. Es una tristeza ver que algunos hermanos que viven en la capital han quedado en la nada, Dios quiera que se les preste la ayuda necesaria para que sean reubicados y puedan comenzar de nuevo.

Si estoy contando brevemente esto es porque quiero que todos mis hermanos en la fe que se encuentran en mi querido Perú, y la gente amiga que está en otros países, sean un puente para que vean lo que sucede en nuestra nación y nos ayuden colocando en sus oraciones a este pueblo.

Sí, se necesita con urgencia cosas materiales, nuestra gente tiene hambre, sed, no tienen con qué cobijarse, muchos están aislados y se me parte el alma ver las fotos de niños que lloran, pues también lo hacen las madres, los adultos y ancianos ante la impotencia de no poder controlar la furia de la naturaleza.

Alabo a Dios al ver por las noticias de TV, y en redes sociales, cómo brigadas de jóvenes, grupos de amigos y  familias, que comparten lo mucho o poco que tienen, para poder ayudar a los damnificados en esta zona, y garantizar así sus comidas del día.

Puedo ver que las autoridades están coordinando siempre con el pueblo, y más que criticar es mejor ayudar. Se están utilizando los colegios y algunas Iglesias para dar refugio a los damnificados.

Se escucha de la gente decor: “Padre, pues creo que con todo esto, Diosito nos pide que estemos más unidos”, “No hay mal que por bien no venga, pues ahora compartimos más, y hasta lloramos juntos…rezamos juntos”, “En estas situaciones, se conoce el corazón de las personas”, “Por amor a Dios, no nos olviden”.

Hermanos, ayúdenos con su oración, la necesitamos. Yo creo que la oración fortalece y nos ayuda para no cansarnos de hacer el bien. Doy testimonio de que a Cristo se le saborea leyendo la Biblia, comulgando su Cuerpo y su Sangre, estando en oración y en los demás sacramentos.  ¡Pero que experiencia que no es sólo la mía! el poder experimentar la cercanía de Cristo en los hermanos que sufren, que tienen un rostro concreto y están en el Perú.

Fray Miguel Sedán O.S.A.

(Foto del http://elcomercio.pe)