La responsabilidad

Es la capacidad y actuación de hacer lo correcto o razonable, de acuerdo a nuestros deberes naturales y adquiridos, según nuestra vida y las opciones que tomamos para desenvolvernos apropiadamente, pudiendo así ser efectivos, útiles, realizados y felices, generando además la confianza de que somos personas de fiar, porque sabemos comportarnos con lo que se nos ha brindado y hemos aceptado ser, siendo competentes, servidores, exitosos y colaboradores para el bienestar personal y común.

La responsabilidad implica vida, ponderación, conciencia, voluntad, libertad, decisión y acción concienzuda, perseverante y gozosa, que nos motiva a hacer debidamente lo que nos pertenece realizar, haciendo con esmero la actividad proyectada para satisfacer la voluntad de ser alguien, con aspiración y compromiso, con enfoque de bien, llevándolo a cabo con personalidad, positivismo, fe y esperanza. “Encomienda tus obras a Yahveh y tus proyectos se llevarán a cabo” Gal 6,2.

La responsabilidad es la virtud o práctica sana en la que también se manifiesta salud, inteligencia, formación y madurez, por lo que la persona responsable colabora en dejarse formar y piensa lo que bien puede y debe hacer, con juicio crítico, sabiendo porqué, cómo y para qué lo hace, buscando que sus ideales sean un hecho, en su camino de existencia y midiendo consecuencias de omisiones, exageraciones o actuares erróneos, por lo que se centra en hacer debidamente lo que le compete, constatando que logra ser efectivo en su vida, labores y entorno, camino a su realización y trascendencia.

La responsabilidad es la vivencia de los derechos y el cumplimento de los deberes, que van creando el arte de saber comportarse, facilitando además el sano desarrollo, la sociabilidad y la dicha de ser persona en el pleno sentido: alguien bueno para algo bueno, pudiéndose comprender lo dicho en la parábola de “Los Talentos”, escrito en Mateo 25,14-30, en donde al final dice: “Porque a todo el que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará”, llevándonos ello a considerar si hemos sido responsables ejerciendo nuestras facultades.

La responsabilidad no se queda en el deseo de serlo, ni en la intención de hacer algo noble, ni en la mentalidad que los demás hagan lo que nos corresponde hacer, sino que pasamos a la osadía de dar los pasos de valoración, decisión, compromiso, acción y constancia, con el gusto de hacer lo debido para el servicio y la calidad de vida, experimentando también que el esfuerzo por hacer lo debido tiene sentido, por cuanto es vida, dignifica, hace crecer y ser útil con la garantía de seguirlo siendo.

¿Cómo aprender y enseñar a ser responsables?, muy fácil, valorando y enseñando lo útil que se puede ser y cómo lograrlo; identificando los proyectos a realizar y los beneficios que se obtienen, como la realización personal al hacer vida la invitación de ser alguien, con algo que aportar, compartir y crecer, con sentido de solidaridad y efectividad. ¡Lo hice, fui capaz, con gusto!, sin que nos estén recordando lo que debemos hacer, con iniciativa y proyección a vivir mejor; enseñanzas que se pueden ver en el bolsilibro “La Responsabilidad”, editado por la Editorial San Pablo, donde niños y adultos se beneficiarán con la enseñanza y práctica de esta virtud tan necesaria para obrar competentemente, servir, superarse y compartir.

La persona, por sus facultades, su uso de su libertad y sus actos, es responsable o acreedor de por qué pasó eso o aquello, ya sean logros, omisiones, fracasos, etc; pudiéndose aprender de ello, para ser cada día más responsable. Piensa en el error, como en el logro, más grande que has tenido en tu vida, y qué te dejó ello y lo que aprendiste de eso. La responsabilidad es un deber de ser mejor, en la medida que hacemos las cosas bien para estar a gusto. Lo que se hace bien, resulta bien, pues el bien genera más bien; como lo que se hace mal, resulta mal; el mal genera más mal.

La responsabilidad no es una carga, sino una bendición, por cuanto es la oportunidad para desempeñarnos sabiamente para nuestra felicidad, al dedicarnos a ejercer nuestras facultades, identificar las alternativas, reconocer límites, valorar la vocación y misión, ser servidores, tener satisfacciones y agradecer a Dios, todo con humildad, como nos lo enseñó Nuestro Señor Jesús: “Hemos hecho lo que debíamos hacer” Lc 17,10.

Al optar por ser responsables, reconocemos, ejercemos y afianzamos nuestras capacidades y hacemos buen uso de la libertad, que siempre invita al bien, pudiendo nosotros encaminarnos con éxito, logrando buenos planes para nuestro bienestar y salvación, como hijos adoptivos de Dios, quien nos creó por amor y nos ofrece planes de realización y redención, respetando siempre nuestra libertad y valorando nuestra participación, en la que damos nuestra respuesta y crecemos en ello, dando frutos de buena elección, acción, realización y socialización.

Como bien dijo San Agustín: “Dios que no te creó sin ti, no te salvará sin ti”, pudiendo nosotros hacer realidad nuestros sueños de participar de la vida, obra y gloria de Dios, quien por amor nos dotó de talentos para que pudiéramos ser alguien, en la medida que aceptemos ello y pongamos de nuestra parte, con sencillos y posibles pasos de responsabilidad o compromiso en nuestra vocación y realización como personas que sí podemos desenvolvernos y aportar efectivamente con amor.

Aprovecha en adelante la oportunidad de vivir tu responsabilidad como una alternativa para ser alguien que vive acertadamente y que comparte tus dones, creciendo y ayudando a crecer, con ellos, para bienestar de todos, comenzando por tus más cercanos, en casa, trabajo, parroquia, comunidad y demás misiones que Dios te pone en el sitio, tiempo y situación exacta en que estás para llevar a cabo tus tareas con gozo, diligencia y estabilidad, con el gran sentido y finalidad de estar haciendo grandes cosas por ti y los demás.

RECUERDA:

-Tú eres capaz de ser responsable y ello te hace feliz y aportas bienestar.

-No dejes para mañana lo que puedes y debes hacer hoy y hazlo con gusto y calma.

-No se excuse, pues quien así lo hace sigue en sus errores.

-Reconoce errores y supéralos en tu proceso de superación y conversión.

-¿Cómo ejerces tu libertad y qué y cómo haces para bien tuyo y de los demás?

Conozca otras obras del autor en Editorial San Pablo y Ediciones Paulinas.