La Vocación

Es la llamada o inspiración que se percibe de parte de Dios, para su realización personal y servicio a los demás, en el amor, sintiéndose familia.

La vocación consta de dones, que capacita, como de la llamada de Dios a la persona, a quien envía para una misión, además de la conciencia, voluntad y respuesta, quien capta que todo ello lo dignifica y le sirve para ser feliz al realizar algo propio, digno, estable y útil para sí y para el prójimo, por cuanto se está ejerciendo acertadamente y a la vez está brindando un servicio a los demás, quienes a su vez, con fraternidad, le proporcionan un bienestar, por la vocación que ellos igualmente asumen, ejercen y aportan sencillamente.

Cada persona nace, vive y muere con la vocación, pues “los dones y el llamado de Dios son irrevocables” (Rm 11,29); dándonos siempre el Señor la gracia, el auxilio y el acompañamiento para que podamos hacer vida la vocación y perseveremos en nuestra respuesta generosa, responsable y fructífera, que nos ayudará a crecer integralmente y a compartir de corazón, proporcionando una amable convivencia.

La vocación se va descubriendo a medida que crecemos, reconociendo facultades, gustos, iniciativas, acciones y obras que se concretan en algo beneficioso para todos, pudiendo la persona desempeñarse en ello, con seguridad, autenticidad, gusto y utilidad, sin molestarse por hacer lo que sí le agrada, bien puede y es eficaz, dándole ello mucho sentido a su vida, como importancia en su actuar y gozo constante, por cuanto es algo que forma parte de su vida que comparte con los demás y le hace necesario, humilde y servicial.

En esta gran capacidad, llamado y gusto que todos los seres humanos tenemos pueden darse las orientaciones que favorecen su aceptación, desarrollo y función, como también puede ocurrir circunstancias que limitan o debilitan la vocación, más en todo caso la vocación es constante y motivadora para seguir el camino de valoración, realización y servicio hasta el último instante de la vida, pudiéndose dejar aportes e historia que servirá de ejemplo a otros, cuando se hace con caridad: “Si no tengo amor, de nada me sirve…” 1 Co 13,1.

La vocación no solo es para lo que se está dotado y agrada a cada quien, sino que también implica una benevolencia, credulidad y voluntad de Dios con la persona, a quien ayuda para que sea útil en su entorno, a donde quiera que vaya y para que aporte su servicio para el bienestar y la trascendencia propia y de los demás.

La vocación siempre es una capacidad y un llamado al servicio, que es auténtico, único, sano y útil, por lo que debemos dar gracias a Dios por cada una de ellas, no solo por la propia, sino también por la de los demás. Hasta la vocación más sencilla es útil, pensemos en una necesidad en que no hubiera quien nos ayudara. Toda persona con su vocación y servicio es necesaria. Valoremosla.

Hay vocación general para toda la humanidad, que es la santidad y perfección para lo que Dios nos creó, para ser felices verdadera y eternamente: “Sed santos, como yo soy santo” (Lv 19,2). Dios nos creó a su imagen y semejanza (Gn 1,26), para que aprendiéramos a vivir en el amor, que es el paso a la perfección (Col 3,14), dándonos el Espíritu Santo en el Sacramento del Bautismo (Mt 28, 19-20; 1 Co 6,19), para que aprendamos a vivir como Nuestro Señor Jesucristo, quien nos dijo: “Sed santos como vuestro Padre es santo” (Mt 5,48), siendo una oportunidad que debemos tomar en serio para hacer vida esa vocación en la verdad, en el amor y en el servicio.

También hay vocaciones particulares para un estado de vida, profesión o actividad, conscientes que cuando Dios llama, equipa, orienta y acompaña, siendo necesario que identifiquemos y tengamos claridad sobre nuestra vocación. Puede ser una profesión u otra labor que nos hace felices, útiles y servidores, de una forma estable, requiriéndose de un proceso de formación y de la decisión de ser alguien con algo que hacer y ofrecer para la calidad de vida en general.

Dentro de las vocaciones está el llamado de Dios a ser Sacerdote, que es la unción para que sirva íntegramente en la Iglesia en el seguimiento de cerca a Jesucristo, en el ministerio de la Iglesia, vocación que puede profundizarse en el bolsilibro “Ser Sacerdote Es” (Editorial San Pablo), pudiéndose asimilar su utilidad tan necesaria en la humanidad; hasta el mismo Señor Jesús dijo: “La mies es mucha y los operarios pocos, pedid al Dueño de la mies os envíe operarios a la mies” (Mt 9, 35-38). También, si ya se está casado y se siente fuertemente el deseo de participar en la Misión de la Iglesia, de una forma muy entregada, comprometida y estable, puede darse la posibilidad del Diaconado Permanente para su servicio.

Sea el momento para valorar toda vocación, no solo la tuya, sino la de todos. Pon más atención a tu gusto de hacer algo que bien puedes, quieres y si estás con la preparación para hacerlo realidad. Así te irás convenciendo y llenando; pudiendo además, con gestos sencillos, perfeccionar y recibir mucha gratificación por tu bella vocación, como por la de los demás, siendo  miembros de la Familia de Cristo y nos ayudamos unos a otros: 1 Co 12,12-30.

Bendito sea Dios por todas y cada una de las vocaciones, misiones y servicios.

Conozca otras obras del autor en Editorial San Pablo y Ediciones Paulinas.

  • Mauricio

    De acuerdo. Es lo esencial y primero